¿Por qué escogemos la comida que más engorda?

Todos hemos vivido alguna vez la misma situación: llegas a un restaurante, abres la carta y empiezas a darle vueltas a lo que vas a comer, surgiendo casi siempre el mismo debate interno entre una suculenta -e hipercalórica- hamburguesa o una saludable ensalada. En ese momento, tu cerebro debe tomar una decisión pero, ¿esa decisión se toma por factores personales o estamos también influidos por los factores externos? Y, lo que es peor, ¿Por qué tendemos a elegir el plato con más calorías?

Para responder a esta pregunta, tal vez quieras tener en cuenta la información  de dos estudios llevados a cabo por el profesor Gavan Fitzsimons, de la Universidad de Duke y publicada a través de elmundo.es. Dichos estudios, titulados “Cuando la sola presencia de una opción saludable conduce a una decisión no saludable” y “¿Podría una camarera con sobrepeso hacerte comer más? Cómo el tipo de cuerpo de los demás es suficiente para alterar el consumo de los alimentos” plantean y resuelven estas dudas.

Y es que, según estos estudios, nos vemos influidos por dos factores fundamentales a la hora de realizar la elección del plato: la presencia de platos saludables en la carta y el peso del camarero/a que nos atiende. Además, en el caso – por ser estadísticamente más significativo- de las mujeres, también influye si se encuentran o no a dieta.

Pero empecemos por el principio. Como ha sido mencionado anteriormente, dos variables han sido planteadas:

1) Que en la carta figure un plato saludable

2) Que quien lo sirva tenga sobrepeso

“Estos dos factores -asegura el profesor- afectan inconscientemente a nuestra psique cuando tenemos que elegir entre una hamburguesa y un sandwich vegetal o entre patatas fritas y una ensalada”.

Para estudiar esta primera variable se sometió a una investigación a una muestra de 381 estudiantes, los cuales fueron expuestos a diferentes experimentos. El primero consistía en dividir a la muestra en dos grupos y enseñar a cada uno de ellos un menú diferente. En uno figurarían solo los platos “menos sanos” -hamburguesa con queso y beicon, sandwich de pollo frito y sandwich de pescado-, mientras que en el segundo estaba también la opción de hamburguesa con queso y beicon, además de un sandwich de pollo y un sandwich vegetal.

El resultado fue que un 37% de los estudiantes se decantó por la hamburguesa con queso cuando aparecía en el “menú sano”, mientras que solo el 17% la escogió entre las diferentes opciones de la carta “no sana”.

La conclusión que extrajeron los investigadores es que ese 37% de la muestra sintió que su objetivo de comer sano se cumplía sólo por el hecho de que su hamburguesa apareciera en un menú en el que había opciones más saludables. Percibían, por tanto, que el hecho de que apareciera junto al sandwich vegetal y de pollo les daba licencia para caer en la tentación.

Este fenómeno, denominado “cumplimiento indirecto del objetivo” tiene lugar sencillamente gracias a la presencia de la opción saludable en el menú, mediante la cual se obtiene el objetivo de ‘alimentación saludable’ incluso aunque la elección final no haya sido la más saludable del menú.

Además, en su segundo estudio el profesor investigó cómo el físico de las personas que sirven en un restaurante o que están alrededor puede afectar a nuestra decisión a la hora de pedir.
Los resultados arrojaron a la luz que las camareras con sobrepeso hacían que las mujeres que estaban a dieta comieran más, mientras que las que no lo estaban tendían a comer más cuando la persona que les servía era delgada.

Creemos que la razón subyacente tiene que ver con la identificación personal con la forma física del camarero“, dice el profesor, que realizó un estudio de seguimiento a los 381 estudiantes que participaron en este experimento y en el que quedó reflejado que aquellos que hacían dieta se identificaban con la camarera con sobrepeso y los que no con la camarera delgada.

Además, una muestra más concreta sobre mujeres que hacían dieta, corroboró que la mayoría de ellas -el 59%- decidió elegir la opción que le recomendó la camarera con sobrepeso. El 36% siguió las que le hacía otra profesional más delgada.

Por tanto, según Fitzsimons, la peor situación que se puede dar para una persona que esté haciendo dieta es que sea atendida por otra con sobrepeso y que le recomiende un plato altamente calórico dentro de un menú que apenas tiene platos de este tipo.

Teniendo en cuenta estos factores, es incluso posible modificar los precios de la carta para encarecer ligeramente aquellos que son más plausibles de ser elegidos, siempre de manera sútil ya que, aunque en este artículo hablamos de reacciones puramente inconscientes, el precio puede ser un factor altamente disuasorio y no especialmente inconsciente.

Fuente: elmundo.es

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