El nombre también importa

El nombre de un producto no es simplemente una herramienta que permita reconocerlo o recordarlo de forma más sencilla, sino que el efecto que dicho nombre provoca en nosotros forma parte de la experiencia de consumirlo. En el post de hoy se tratará el tema del nombre, y de como puede afectar a nuestras percepciones de las formas más inadvertidas.

Todos sabemos lo que es un iPad, ya que Apple se ha encargado (y muy bien) de que todos nos aprendamos los cómodos nombres de todos sus productos- he de añadir que, aunque en algunos casos simplemente les han cambiado cambiándoles una letra, (algo aparentemente poco creativo) ha resultado ser altamente efectivo en la realidad-.

Pero si además del nombre de la familia de producto le añades la palabra Air (Aire en anglosajón) enseguida algunas personas percibimos que se producto va a ser más ligero, y va a funcionar de forma más fluida. Pero ¿Acaso lo hemos probado?¿Cómo llegamos a esa conclusión?

Los nombres provocan en nosotros sensaciones, y son una parte casi tan esencial como el producto mismo. Prueba de ello es el cambio que algunas compañías han tenido que realizar sobre los nombres de algunos productos al introducirse en un país nuevo, por eso del idioma. Podemos encontrar ejemplos como el Mistubishi Pajero (Montero en España) o el Nissan Moco (cuyo eslogan traducido era “El Moco lo puedes guardar en cualquier sitio”, en “clara” alusión a su reducido tamaño).

Pero centrémonos en algo aún más curioso: las comidas. Gracias a un estudio de David  Just y Brian Wansink de la Cornell Food & Brand Lab se ha descubierto que, por ejemplo, llamando a la misma ración de spaghettis “ración doble” los sujetos tendían a comer menos y a dejarse hasta diez veces más de cantidad de comida en el plato.

Como bien he explicado antes, el nombre forma parte de la experiencia de producto, y por lo tanto afecta a las perspectivas que nuestro cerebro genera acerca del mismo. Pero es que además el efecto también sucede cuando lo aplicamos al revés. Tendemos a comer más cuando la ración se denomina como “pequeña” o “mediana”.

Sin embargo, como todo en el mundo del marketing, esta herramienta no es mágica y es preciso emplearla dentro de los límites de la realidad. McDonalds no va a vender más si empieza a denominar su menú gigante como “infantil”, por poner un ejemplo simple. Este herramienta sirve para empujar ligeramente a la clientela hacia una dirección, pero si sus expectativas son radicalmente diferentes a la realidad podrás sorprenderles, pero muchas veces no conseguirás agradarles.

fuente: Blogsinnombre, Neurosciencemarketing

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