No te olvides del envase

¿Cuales son los elementos que nos afectan a nivel emocional a la hora de escoger un producto en las estanterías  de un supermercado?

Este reto es uno de los mayores quebraderos de cabeza de aquellos que se dedican a la a menudo infravalorada parte del packaging, un elemento clave del marketing mix que acarrea una importante labor.

A medida que avanza la investigación en el mundo del neuromarketing en las grandes compañías, su uso ha ido evolucionando, ampliándose sus áreas de aplicación desde aspectos más básicos como el sabor a elementos menos ajenos al producto en sí como la promoción (anuncios, descuentos, etc.) y el packaging.

Como resultado de esta situación, surgen empresas que se han ido especializando en este último aspecto, como la empresa inglesa  de consultoría Elmwood, la cual ha desarrollado un sistema de clasificación de marcadores biométricos en los diseños de marcas, logos y envases. Este sistema se basa en la idea de que ciertos elementos gráficos desatan respuestas instintivas en nuestro cerebro, llegando mucho más allá del cerebro racional.

Pero, ¿cuáles son estos elementos? Uno de los ejemplos más sencillos se puede encontrar en el mundo de la alimentación. En concreto en emocionante mundo de las sopas.

Sopa Campbell latas supermercado

En la mayor parte de los envases de sopa podemos ver la imagen de un plato caliente de sopa con un aspecto buenísimo. Hasta la mítica marca de sopas Campbell cambió la imagen de sus latas para incluir un buen plato de sopa caliente, con el objetivo de atraer a los clientes. Y es que el hecho de ver una imagen del plato nos hace recordar las sensaciones que nos aporta el plato caliente, e incluso casi hasta saborearlo en ese mismo instante. Así, juzgando incluso por qué plato nos parece el más atractivo, tomamos una decisión que nada tiene de racional.

Pero no todos los marcadores son tan evidentes como este. Al parecer las formas redondeadas de los envases de productos cárnicos aportan sensaciones de comodidad y confort, que en este tipo de productos se traduce en una carne de calidad, y no con la dureza de una suela de zapato.

Para la marca de productos de alimentación Gressingham un cambio tan sencillo como redondear las formas del logo y  el envase supusieron un incremento del 47% en las ventas, descartando el apoyo del resto de posibles acciones de marketing. Frente a una competencia que abogaba por las tradiciones formas rectangulares en sus envases, un cambio tan sencillo como este supuso el punto de inflexión en la mente del consumidor.

En un mercado tan atomizado como el sector del retail alimenticio, un aspecto tan sencillo puede desencadenar una respuesta determinante, por lo que la clave se encuentra en identificar qué es lo que atrae al consumidor y cómo retenerlo, y el neuromarketing es la herramienta más completa para esa cuestión.

Después de todo el cerebro inconsciente puede influir en el racional, pero no es tan sencillo engañar a los detectores de emociones, y ahí radica su verdadero potencial.

Fuente: Adweek

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